Jugar con Ventaja

Hace ya varios años, unas amigas psicólogas publicaron un libro bajo el título que encabeza estas líneas. El objetivo del libro no era otro que poner de manifiesto la importancia del apoyo psicológico para los deportistas de élite que les permite afrontar sus retos deportivos con una cierta ventaja sobre aquellos otros que no cuentan con él.

En nuestro poco transparente sistema financiero existen aún las Cajas de Ahorros; entidades financieras fundadas, las más de las veces, hace al menos un siglo. Estos entes nebulosos carecen de dueños y son regidas, en general, por una variopinta troupe de procedencia política, sindical o simplemente coyuntural, carentes en su mayoría de la mínima preparación y experiencia económica necesarias para su buen gobierno. En consecuencia, los ahorros familiares que captan se invierten muchas veces sin el mínimo control en operaciones sin sentido y, lo que es peor, sin garantías.

 

¿Que a usted se le ocurre construir un aeropuerto internacional en medio de un páramo despoblado y alejado de la civilización? No se preocupe por su financiación; el capricho corre a cuenta de su caja amiga, con lo que usted podrá revalorizar terrenos propios o de amigos que no sirven para nada, enchufar en el proyecto a conocidos, parientes y correligionarios, contratar con empresas de las que recibirá jugosas comisiones etc. ¿Garantías? No se preocupe, es en beneficio de la Región y para eso está su caja amiga.

¿Que usted desea ser popular en su pueblo? ¿Qué mejor cosa que financiar el club de fútbol local, que por no pagar no paga ni la Seguridad Social? Lo más probable es que el crédito no se devuelva nunca y que su importe se dedique a fichajes disparatados (conseguidos abonando comisiones aún más disparatadas). A cambio, el presidente de la entidad prestamista y algunos de sus amigos y parientes próximos podrán asistir cómodamente a los encuentros desde el palco de autoridades, ser agasajados con un ágape y confraternizar con capitostes locales y foráneos.

¿Que unos caciques locales han discurrido cualquier suerte de disparate para enriquecerse a costa de los demás? Que no se preocupen por la financiación; ¿para qué está sino su caja amiga?

¿Que a una caja se le antoja (sin necesidad alguna, por supuesto) adquirir a precio de coca un edificio emblemático a mayor gloria de su presidente? Pues se hace y ya está, aunque al poco tiempo haya que mendigar miles de millones al Estado para poder subsistir y el edificio valga poco más del 50% de la cifra abonada.

Podríamos continuar con financiación de urbanizaciones en ninguna parte, empresas inviables (pero de amigos), préstamos injustificados (pero a Partidos Políticos y a sus representantes), ayudas y créditos a Sindicatos (que nunca se van a recuperar) y un largo etcétera de nunca acabar.

La lista de tropelías es interminable por eso traigo a colación el título prestado de este escrito: “Jugar con ventaja”. Las Cajas no han de dar explicaciones de sus desmanes a ningún accionista, pues éstos no existen. La tutela laxa que el Banco de España ejerce sobre ellas, las permite todo tipo de actuaciones que serían impensables si existiesen unos dueños que vigilasen su funcionamiento.

El resto de entidades financieras, particularmente las bancarias, que desarrolla su actividad en el mercado, tienen dueño, es decir, reportan a un grupo de accionistas propietarios que se juegan su dinero frente a los que han de rendir cuentas anuales. Éstos, además, tienen el poder de remover de sus puestos a aquellos administradores cuya labor no se considere adecuada. Dichas entidades (sin entrar aquí en la santificación ni condena de sus actividades) sufren una competencia desleal por parte de las Cajas, que juegan con ventaja en el mismo mercado.

Si uno comete la descortesía de argumentar de esta forma ante sus defensores, siempre se le responde de la misma forma: “pero las Cajas tienen su Obra Social”.

A esta respuesta, yo preguntaría: ¿Con qué dinero? ¿Con el que se pide de ayuda para tapar los agujeros creados por su pésima gestión? ¿En qué porcentaje de sus supuestos beneficios? ¿A quién beneficia muchas veces esa “Obra Social”? etc.

 

Seamos serios: las reglas del juego deben ser las mismas para todos. Apoyemos entidades en las que la profesionalidad, preparación y exigencia de sus rectores marquen sus pautas de actuación y sometámoslos al máximo nivel de exigencia. Dejemos que el Estado y, en menor medida, las ONGs hagan la ayuda social que deben. Las entidades financieras que se dediquen a ganar dinero (que es su obligación), a pagar impuestos (cuanto más ganen, mejor) y a proporcionar al sistema la  financiación que tanto necesita.

Creo que ya sería hora, y de una vez por todas, de poner orden en el Sistema Financiero, exigiendo la modernización, transparencia y profesionalidad necesarias para lograr la eficacia del mismo, sin que nadie pueda jugar con ventaja.

Para ello sería necesario:

-         La remoción de los responsables y la exigencia, cuando sea el caso, de responsabilidades por sus alocadas actuaciones.

 

-         La exigencia de transparencia en cuentas, reservas y provisiones, actualizando las valoraciones de los activos en cartera, especialmente los inmobiliarios. Mientras esto no se lleve a cabo, las dudas sobre nuestro sistema no se disiparán.

 

-         La exigencia del pago de los créditos a particulares y entidades, creando si fuese necesario, un organismo independiente que se hiciese cargo de las gestiones de cobro.

 

-         Las fusiones y/o liquidaciones necesarias para crear unas entidades sólidas, viables y garantes de los ahorros que les han sido confiados.

 

-         Y por último, las colocaciones de estas entidades entre inversores privados nacionales o extranjeros, obteniendo por ello, unas cantidades con las que paliar, al menos en parte, los resultados del desaguisado.

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¿Por qué el inversor particular acaba siempre perdiendo dinero?

La psicología del ser humano es muy curiosa: nos consideramos y autoproclamamos homo-sapiens, porque somos gente inteligente y que piensa, pero muchas veces nuestro comportamiento difiere mucho de esta visión. Todo el mundo sabe que la Bolsa es un juego muy tonto que consiste en comprar barato y vender caro, pero… ¿es posible que el inversor particular esté haciendo justamente lo contrario?

Hace ya tiempo que observo como los clientes que más mueven sus carteras son los que peores rentabilidades obtienen. Cuando el mercado sube, a las pocas semanas te llaman para decirte que quieren aumentar su exposición; cuando baja, enseguida venden y se refugian en un depósito. Los mismos que salieron masivamente de los fondos de Renta Variable en el año 2008 corren ahora en el 2011 a comprar un 50% más caro aquellas mismas empresas que vendieron unos años atrás.

La razón de este extraño comportamiento se me escapa. ¿Volveríamos a comprar nuestra casa de vacaciones dos años después de haberla vendido un 50% más barata? o acaso ¿la venderíamos si 6 meses después de haberla comprado nos ofrecen un 30% menos? Entonces ¿por qué hacemos esto mismo cuando compramos y vendemos Fondos de Inversión, acciones u otros productos financieros?

Dicen los rumores que un gran banco de inversión alemán, cuyo nombre prefiero no recordar, decidió utilizar esta realidad en beneficio propio. ¿No sería incalculablemente valiosa una información que nos permitiese prever el comportamiento de los mercados? ¿Qué hizo? Llevar una estrategia contraría a la que seguían sus clientes. Si el cliente vendía, ellos compraban, y si el cliente compraba, ellos vendían. No podemos saber si estos rumores son realidad o ficción, pero lo que sí sabemos es que si dicha entidad hubiera seguido esta estrategia seguramente habría obtenido grandes beneficios.

No obstante, creo que los inversores están siendo “ayudados” por gran parte de los que nos ganamos la vida en estos mercados. Mucho se ha hablado de la negativa influencia de los  periodistas, con sus grandes titulares que confunden al inversor particular… pero en realidad todos somos parte de esta gran trama que acaba con el inversor particular perdiendo dinero.

Como los asesores, que cuando los mercados han bajado significativamente y las oportunidades de compra afloran en los mercados nos mantenemos callados esperando a que vengan tiempos mejores. Buscamos no perder al cliente y no somos capaces de llamar para explicarles porqué puede que sea el momento de invertir. Si pensábamos que en una situación concreta Telefónica era una buena compra en 18€, lo será aún mejor si baja a 15€. Por el contrario, cuando las cosas van bien, somos los primeros en proclamar a los cuatro vientos nuestros resultados provocando involuntariamente una subida de la euforia inversora.

Los comerciales/vendedores de producto son otra de las variables que influyen en el proceso inversor, ofreciendo siempre el producto de moda, que casualmente es el que mejor lo ha hecho en los últimos meses y, con toda probabilidad, el que les genera una comisión mayor. Hace tiempo se hablaba de los BRIC y de Europa del Este; más tarde, con las caídas de los mercados, fueron los fondos monetarios; después los bonos y fondos convertibles. Hasta hace poco eran los fondos de Renta Fija Emergente y, en la actualidad, parece que todo lo que no sea invertir en Renta Fija ligada a la inflación es peder el tiempo. Por mucho que nuestra querida Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) nos obligue a poner en todos los folletos de productos financieros la ya celebre frase “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras” parece que no hay argumento de venta con más gancho.

Por norma general los profesionales tendemos a ver pronto las recuperaciones en la economía y no frenamos la euforia del pequeño inversor, que quiere poner todo su dinero en el fondo que más ha subido. Evidentemente, nuestra labor no es fácil porque, aunque algunos de nuestros clientes no se lo crean, no hay nadie, ya sea gestor, asesor, Buffet o Paramés, que sepa realmente que va a pasar mañana en los mercados.

Por todo ello, aunque no podamos hacer una predicción sobre  cuál va a ser el valor con el que ganar más dinero este año, lo que sí podemos hacer es dar algunos consejos básicos que ayuden al inversor final a intentar no ser siempre el que pierde dinero en estos mercados:

  • Planifique su inversión en función del horizonte temporal y de los riesgos que pueda asumir.
  • Entienda siempre los productos en los que invierte su patrimonio. No hace falta comprar estructuras muy complicadas para ganar dinero.
  • Recuerde siempre que todo el mundo está pensando en cómo ganar dinero en los mercados y, aunque todos nos creemos más listos de lo que realmente somos (dicen que el mayor éxito de Dios fue el reparto de la inteligencia, por el escaso número de quejas que ha conllevado), es muy difícil que desde tu casa seas capaz de ver algo que no estén viendo el resto de agentes que participan en el mercado.
  • Huya de los productos de moda. Repito: rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.
  • Mida bien los riesgos, por lo menos tanto como sus probabilidades de éxito.
  • Búsquese un buen profesional que no le venda, le asesore. Y por favor, que este profesional no sea el comercial de la Caja de Ahorro/Banco de turno. Él no velará por su interés y sí por  el de la entidad en la que trabaja, que para eso es la que le paga.
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¿Se puede llamar el MAB a si mismo mercado si no hay ni compras ni ventas?

En julio de 2009 se inician las operaciones del llamado Mercado Alternativo Bursátil (MAB), mercado de valores dedicado a empresas de reducida capitalización. La idea de crear un mercado en donde poner en contacto a las PYMES que buscan financiación e inversores con dinero y dispuestos a asumir riesgo es muy buena pero: ¿está el MAB cumpliendo con las demandas de PYMES e inversores?

Para las empresas no parece que esté funcionando mal, pues hasta la fecha han conseguido una aportación de fondos por un importe total de 66.1 MM € y por otro lado, han conseguido potenciar significativamente su imagen de marca. 

Mi pregunta iría más enfocada al coste que les ha supuesto conseguir este capital. Aunque no tenemos cifras exactas, BME cifra el coste de salir a Bolsa entre un 8% y un 12% del capital captado, y según un estudio de la Universidad de Munich sobre empresas de menos de 100 MM €, lo estima en un 10% del dinero obtenido. No obstante, estos porcentajes serían mayores paras las PYMES que están emitiendo menos de 5 MM € de capital.

¿Tiene sentido pagar más de un 10% en costes para conseguir aumentar capital? ¿Es la única vía de financiación en la situación actual de mercado, o simplemente lo están compensando con el alto precio que tiene que pagar el accionista que acude a la OPV?

También parece bastante claro que no está siendo un buen negocio para los inversores. Hasta la fecha las rentabilidades obtenidas han sido bastante pobres, con más del 60% de las empresas cotizando a un precio inferior al marcado en su OPV.  

Esto podrán atribuirlo a la situación actual del mercado pero, bajo nuestro punto de vista, muchas de estas compañías salieron a cotizar con ratios muy poco atractivos y con unas expectativas de crecimiento y beneficios futuros demasiado optimistas.

Nos llama especialmente la atención el caso de Zinkia. La empresa creadora y productora del famoso “Pocoyo” fue pionera en el MAB, saliendo a cotizar en julio del 2009. El precio de la acción se fijó en 1.92 € y tocó máximos en octubre de ese mismo año llegando a cotizar en 2.51 €. Todo esto se sustentaba en la impresionante cuenta de resultados que proyectaban tanto la propia empresa como la empresa encargada de realizar la salida a Bolsa de esta operación Banesto Bolsa.

No obstante, algunos meses después, el 31 de marzo, Zinkia publicaba sus resultados del año 2009, en los cuales registraba unas pérdidas muy superiores a las proyectadas tan sólo unos meses antes.  

Pero lo peor estaba por llegar: tan sólo una semana después de publicar resultados, el 7 de abril, Zinkia rebajaba dramáticamente sus estimaciones para los años siguientes, reduciendo sus previsiones de resultados para los dos ejercicios siguientes en más de un 80%.

Como resultado de esto, las acciones de Zinkia bajaron casi un 60% el año pasado, perdiendo toda la credibilidad de los inversores y creando un precedente absolutamente nefasto para el resto de empresas que están saliendo a cotizar en el MAB. ¿Si no creo en un mercado como voy a invertir mi dinero en él?

Los inversores que tienen puesto su dinero en el MAB también se están encontrando con otro problema y es la escasísima liquidez a la hora de comprar y vender. Mientras escribo estas líneas observo como hoy, un día cualquiera de mercado, no hay ni siquiera un valor en todo el MAB que haya negociado más de 12.000 €. Por si esto fuera poco, nos encontramos con 5 valores en los que no se ha cruzado ni tan sólo una operación en toda la sesión bursátil.

¿Se puede llamar el MAB a si mismo mercado sino hay compra-ventas? ¿Qué garantía tienen los inversores de liquidez si no se puede vender ni tan siquiera 12.000 € de una acción sin tener que bajar significativamente el precio de cotización? ¿Son reales los precios que vemos en pantalla o son los que  quieren fijar las compañías?

Llegado a este punto, querría comentar nuestra humilde experiencia en el MAB. El año pasado tras las continuas recomendaciones de Caja Madrid Bolsa, nuestro broker de confianza, y desoyendo las opiniones de todos nuestros analistas, decidimos acudir a la OPV de Nostrum, empresa dedicada a temas de Publicidad y Marketing que buscaba aumentar capital para dedicar los fondos a su expansión en Latam. Realizamos una inversión muy pequeña para algunas carteras arriesgadas y para ciertos clientes pensando sobre todo en los incentivos fiscales. No hay que olvidar que en algunas comunidades un particular puede deducirse hasta un 20% del importe invertido en su declaración de la Renta, si mantiene estas acciones en su cartera durante 2 años.

Los resultados hasta la fecha no han sido muy positivos, no porque hayamos perdido dinero (ya que las acciones cotizan tan sólo un 1% del precio de la OPV), sino por la nula liquidez que tiene el valor. En este momento es impensable deshacer la posición acudiendo directamente al mercado, pues bajaríamos drásticamente los precios de cotización.

A modo de conclusión, pensamos que el MAB es una gran idea con objetivos muy interesantes y es absolutamente necesario para una economía como la nuestra en el que el peso de la pequeña empresa es tan importante. No obstante, los resultados obtenidos hasta la fecha no nos parecen nada halagüeños. Los reguladores y creadores de mercado deberían hacer un esfuerzo importante por reforzar su credibilidad y especialmente por darle liquidez.

¿Qué opinión tenéis vosotros? ¿Alguno se anima a contar su experiencia y/o visión sobre el tema?

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La Antizondra

Hace años tuve un gran amigo, hoy tristemente fallecido, inteligente y muy introvertido. Muy aficionado a la lectura del Quijote dedicó parte importante de sus horas de ocio en crear un país imaginario que se gobernase con sus propias normas de conducta. Al igual que Jonathan Swiff, Huxley, Cervantes y tantos otros, diseñó un país nuevo  (¿Precursor  de “Second life”?). 

Primero concibió su geografía, proyectó pueblos y ciudades, los llenó de habitantes que, en una parte importante, eran reflejo y copia de las personas de su entorno mas próximo, si bien es verdad que por mas que lo intenté nunca logré me desvelase en que personaje me había mimetizado. Bautizó a su país con el nombre de LA GOLIZONDRA y tampoco pude descubrir el por qué.

Mi amigo conocedor de griegos y romanos y aficionado al estudio de sus culturas, dotó a LA GOLIZONDRA de una constitución, de leyes, de un poder civil, de sus propias fuerzas armadas, de un tejido empresarial, de una moneda (había olvidado decir que mi amigo a causa de su preparación también poseía importantes conocimientos en el campo de la economía), estableció relaciones de amistad y cooperación con los países de su entorno, edificó monumentos, escuelas, universidades y definió proyectos educativos, fruto del aprovechamiento de la experiencia adquirida durante años impartiendo docencia en la Universidad. En resumen, desde su punto de vista organizó lo que el mismo definía como “un país como Dios manda”. 

Desgraciadamente por mas que lo intenté nunca conseguí que publicase su ingente trabajo y con toda probabilidad hoy se habrá perdido.

Bastantes años después, un muchachito de Valladolid afincado en León, por una increíble sucesión de casualidades que mejor es no enumerar para no alterar a nadie la presión sanguínea, arribó a la presidencia de un país que se llamaba España, con la pretensión de transformarlo en la ANTIZONDRA. El tal ZP a diferencia de mi amigo desconoce las mas elementales bases de nuestra cultura, sean griegas o romanas, se creyó que la Economía podría aprenderla en dos tardes(¡Ay señor Sevilla que gran ocasión perdió de mantenerse callado!), destroza una Constitución aprobada por una inmensa mayoría de los españoles, interfiere la independencia del poder judicial, permite que sus resentimientos alteren la convivencia de los ciudadanos saltándose los pactos que con mucho esfuerzo, renuncia y gallardía se habían llevado a cabo años atrás con total unanimidad por todas las fuerzas políticas, ataca a los empresarios, reduce sueldos y pensiones, ningunea a todo aquel que no comparte sus iluminados puntos de vista, magnifica los gastos de la Administración, no facilita la investigación ni la innovación, mantiene un sistema educativo en el que se han suprimido los valores, brillan por su ausencia los incentivos a la creación de empleo, mantiene nuestra competitividad en una de las cotas mas bajas del mundo desarrollado, regala dádivas a sindicatos y organizaciones afines, promueve pactos contra natura con partidos de representación residual pero necesarios para mantenerse en el poder, permite ridículas traducciones al idioma nacional en el mismísimo Senado…¿para que seguir? De todos son conocidas sus actuaciones.

En un mundo virtual ZP podría situarse como la partícula opuesta a mi amigo, buscador de una nueva Arcadia feliz y armoniosa. Su Antizondra  se situaría en el espacio inverso, en una cuarta dimensión inalcanzable para el resto de los mortales, salvo corifeos, pesebreros y otros paniaguados del poder establecido.

Las consecuencias también las conocemos todos, aunque aún haya quien viva con ojos y oídos tapados y de cara a la pared sin querer enterarse, o lo que es peor, beneficiándose del dislate.

Con un paro en el 20% y creciendo; unas cuentas públicas basadas en un crecimiento ficticio que no se puede creer nadie; una política energética disparatada que encarece los recibos de empresas y particulares mientras llena los bolsillos de algunos afortunados que se benefician de unas primas exorbitadas; unos peres y paros que permiten la pillería y desincentivan las ganas de trabajar; unas administraciones locales y autonómicas con el gasto desbocado, las más de las veces para mantener regalías, gastos suntuarios y mamandurrias de enchufados que no pegan ni chapa; una política exterior que nos ha relegado a tiempos pretéritos cuando nuestra influencia en el mundo era prácticamente nula; una productividad mínima, unas televisiones públicas que son una auténtica losa en los presupuestos estatales y autonómicas y que solo sirven para el autobombo y propaganda del gobernante o partido en el poder, unas Cajas de Ahorros en quiebra por su dependencia de sindicalistas y politicastros aferrados a sus cuentas……..¡A si mi amigo levantara la cabeza |  A lo mejor ahora si permitiría la publicación de su Golizondra, para vergüenza y escarnio de los actuales gobernantes.

Y ahora con este panorama ¿en donde se nos ocurriría invertir? La primera idea es clara, aunque cueste manifestarla: No en España. Aunque nuestros grandes bancos están baratos y las dos terceras partes de su beneficio proceda del exterior, ser bancos españoles está hoy penalizado por el mercado. No en el sector eléctrico, que en cualquier momento puede sufrir las veleidades de un presidente de gobierno inepto en la fijación de sus tarifas bajo criterios ¿ideológicos? o mejor sin ningún criterio. Tampoco en el sector de la construcción que aún presenta grandes incertidumbres. La inversión a día de hoy en la Bolsa española solo puede sustentarse en una visión a largo plazo en empresas muy internacionalizadas y con bajo nivel de deuda. En el corto y medio plazo podrían seleccionarse empresas que distribuyen altos dividendos de forma recurrente siendo Telefónica y Repsol un ejemplo de ellas.

En nuestra opinión para 2011 debemos situar la mayor parte de las inversiones en el exterior. Durante el primer semestre nuestra opción favorita es Europa (Alemania y después Francia) e ir pasando el peso fundamental a USA en el segundo trimestre (una subida del dólar podría ayudar significativamente). Las otras dos patas de nuestra cartera modelo estarán en las inversiones sectoriales y los países emergentes por los que debe venir el crecimiento.

En lo que se refiere a sectores apuntaremos el del oro como valor refugio, pues pensamos que aunque su precio actual es elevado, la apetencia del mismo por parte de países emergentes mantendrá la cotización alta por algún tiempo. El petróleo, las materias primas, la tecnología y los genéricos en el sector Farma son los otros que más nos gustan.

En Países emergentes nos decantaríamos por el Sudeste de Asia y Brasil fundamentalmente, pero estando muy atentos para no descartar otras opciones.

Por último, hay dos países que pueden salir muy beneficiados de la actual situación y en los que mantendríamos posiciones, son estos Canadá y Australia, ricos en materias primas y carentes de contaminación bancaria.

Con estas perspectivas solo nos queda recomendar a nuestros amigos suerte, prudencia y tino; no tener prisa, esperar a las bajadas para tomar posiciones y repetir con Pitigrilli “ no me de usted consejos, se equivocarme solo”.

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